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La sostenibilidad entra en su fase industrial: capital privado y deep tech toman el relevo

19/1/26

Por:

Redacción

Nuevos fondos y tecnologías complejas están redefiniendo la transición verde, que deja atrás proyectos pequeños para apostar por soluciones escalables y económicamente viables.

La sostenibilidad ha dejado de ser una cuestión reputacional para convertirse en un problema estructural de competitividad. Esta afirmación, repetida durante años, empieza ahora a materializarse de verdad. La semana del 12 al 16 de enero de 2026 deja una señal clara: la transición sostenible entra en una fase donde solo sobrevivirán las soluciones capaces de escalar con rigor tecnológico y respaldo financiero.


Durante mucho tiempo, el ecosistema de innovación sostenible estuvo dominado por proyectos pequeños, pilotos locales y soluciones fragmentadas. Ese enfoque fue útil para experimentar, pero insuficiente para transformar sectores completos. Hoy, la presión regulatoria, la exigencia de los mercados y la necesidad de descarbonizar cadenas de valor enteras obligan a cambiar de escala.


En este contexto, el papel del capital privado se vuelve determinante. No cualquier capital, sino capital paciente, especializado y dispuesto a asumir complejidad tecnológica. El anuncio de nuevos fondos orientados a deep tech con foco en sostenibilidad durante esta semana refuerza una tendencia que ya se intuía: la transición verde no se financiará solo con subvenciones, sino con inversión estratégica a largo plazo.


Las tecnologías que realmente pueden reducir emisiones, optimizar recursos o transformar procesos industriales no son triviales. Requieren robótica avanzada, inteligencia artificial aplicada, nuevos materiales, automatización y sistemas complejos. Es decir, requieren deep tech. Y el deep tech necesita tiempo, conocimiento y dinero.


Este cambio de paradigma tiene implicaciones directas para las startups. El mensaje es claro: la sostenibilidad ya no es un “plus”, es un requisito de diseño del modelo de negocio. Las empresas que nazcan hoy en sectores industriales, energéticos o logísticos deberán integrar impacto ambiental, eficiencia y viabilidad económica desde el primer momento. No como un añadido, sino como parte del core.


Desde el punto de vista del ecosistema, la entrada decidida de fondos especializados marca una diferencia crucial. Permite que proyectos con alto potencial, pero largos ciclos de maduración, no mueran prematuramente. También eleva el nivel de exigencia: solo sobrevivirán aquellas soluciones capaces de demostrar impacto medible, ventaja competitiva y escalabilidad.


La sostenibilidad entra así en una fase más madura —y más dura—. Se acabó el tiempo de los discursos sin números. Ahora cuentan los datos: reducción real de emisiones, eficiencia energética, ahorro de recursos, mejora de procesos. Y contar con tecnología capaz de medir y optimizar esos indicadores se vuelve imprescindible.


Para las grandes empresas, este contexto abre una doble oportunidad. Por un lado, colaborar con startups deep tech para acelerar su propia transformación. Por otro, invertir o adquirir soluciones que ya han demostrado viabilidad. La innovación abierta deja de ser una moda y se convierte en una estrategia de supervivencia.


La semana del 12 al 16 de enero de 2026 también deja otro mensaje relevante: la sostenibilidad ya no se juega solo en el sector energético. Industria, logística, construcción, alimentación y salud están entrando de lleno en esta transformación. Y eso multiplica la necesidad de soluciones transversales, capaces de adaptarse a distintos contextos.


Desde la óptica de Innotiv, esta evolución confirma una idea clave: la innovación sostenible no avanza por acumulación de proyectos, sino por construcción de sistemas. Sistemas de financiación, de validación, de adopción y de colaboración. Sin ellos, incluso la mejor tecnología se queda en promesa.


2026 se perfila así como un año decisivo. Un año en el que la sostenibilidad dejará de ser aspiracional para convertirse en operativa. Y en ese tránsito, solo aquellas empresas —startups, scaleups o corporaciones— capaces de combinar tecnología profunda, visión estratégica y capacidad de ejecución lograrán liderar el cambio.


La transición verde entra en su fase más exigente. Y, paradójicamente, también en la más interesante para quienes saben leer el momento.

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