Carlos Zúñiga (Spika Tech): “Innovar en salud es una carrera de fondo. No hay atajos”
26/1/26
Por:
Redacción
Hablamos con Carlos Zúñiga, CEO de Spika Tech, sobre regulación, adopción hospitalaria y cardiología.

Durante años, la innovación en salud ha convivido con una paradoja difícil de explicar fuera del sector: nunca ha habido tanta tecnología disponible y, sin embargo, muchos de los grandes problemas clínicos siguen abordándose con herramientas que apenas han cambiado en décadas. La cardiología es uno de los ejemplos más claros. Diagnósticos complejos, procedimientos invasivos y decisiones críticas que dependen en gran medida de la experiencia del especialista y de información incompleta.
En ese espacio se mueve Spika Tech, una empresa española de deep tech que lleva más de diez años trabajando lejos del foco mediático para cambiar la forma en la que se detectan y analizan las arritmias cardíacas. Al frente está Carlos Zúñiga, CEO de la compañía, que habla de innovación con una mezcla poco habitual de rigor científico y cansancio honesto. No hay épica forzada. Hay procesos largos, errores, burocracia y una obsesión clara: que la tecnología llegue al hospital y sirva de verdad.
Spika Tech nace en 2015 en el entorno universitario, en la Universidad Rey Juan Carlos, en colaboración con Hewlett-Packard España. Como ocurre con frecuencia en la investigación académica, el conocimiento fluía, pero el riesgo de que se quedara encerrado en publicaciones científicas era real. “La transferencia de conocimiento siempre ha sido el gran problema”, explica Zúñiga. “Se investiga mucho, pero muy poco llega al mercado. Y cuando puede ayudar a las personas, dejarlo en un cajón no es una opción”.
Esa convicción marcó desde el principio el rumbo de la empresa. Spika Tech no dejó de investigar —hoy participa en varios proyectos europeos de investigación avanzada, también en ámbitos como defensa—, pero decidió que la investigación debía acabar en producto. Un producto clínico, usable y regulado.
Ese producto es VR-CARDIO. Para entender su impacto basta con mirar el estándar actual. Cuando existe sospecha de una arritmia, el paciente se somete a un electrocardiograma convencional: doce derivaciones impresas sobre un papel que el cardiólogo interpreta con su experiencia. Si la arritmia no aparece en ese momento, puede pasar desapercibida. En muchos casos, la única forma de localizar su origen es mediante un cateterismo exploratorio, un procedimiento invasivo, costoso y no exento de riesgos.
VR-CARDIO propone un enfoque radicalmente distinto. A través de un chaleco con 34 electrodos secos, el sistema captura miles de puntos de información eléctrica del corazón y, mediante algoritmos avanzados, reconstruye un modelo electroanatómico tridimensional. El cardiólogo puede ver cómo viaja el impulso eléctrico por el músculo cardíaco, identificar cicatrices eléctricas y zonas de bloqueo, incluso aunque la arritmia no esté ocurriendo en ese momento.
“La clave es que no dependemos de que el evento se produzca durante la prueba”, explica Zúñiga. “Podemos detectar señales de que algo ha pasado antes. Eso cambia por completo la capacidad de diagnóstico y de planificación clínica”.
El potencial no es menor. Cada año mueren en el mundo más de veinte millones de personas por enfermedades cardiovasculares, y cerca de una cuarta parte de esas muertes están relacionadas con arritmias no diagnosticadas. Personas que convivían con una alteración eléctrica del corazón sin saberlo. “Es un asesino silencioso”, resume el CEO de Spika Tech. “Y, sin embargo, no genera la alarma social que debería”.
El camino hasta aquí, sin embargo, no ha sido rápido ni sencillo. Desarrollar la tecnología fue solo una parte del reto. Convertirla en un producto sanitario comercializable ha supuesto años de trabajo regulatorio, certificaciones, auditorías y una inversión constante sin retorno inmediato. Spika Tech cuenta hoy con certificación ISO 13485, con el marcado CE bajo el Reglamento Europeo MDR como dispositivo médico de clase IIb y con una patente europea concedida. Pero llegar a ese punto ha implicado “años gastando dinero no en investigar, sino en cumplir procesos administrativos imprescindibles para poder vender”, reconoce Zúñiga.
Durante ese tiempo, la empresa se ha apoyado en financiación pública como ENISA o CDTI, aunque con una visión crítica sobre el modelo. “Muchas ayudas son préstamos que hay que devolver cuando todavía no tienes ingresos. En medtech, los tiempos no encajan bien con esa lógica”, apunta.
Con el marcado CE en la mano, el reto ahora es otro: la adopción. Entrar en el sistema sanitario es, para muchas startups, más difícil que desarrollar la tecnología. En España, la descentralización autonómica multiplica la complejidad. El comprador no es uno solo. Intervienen médicos, gerencias, departamentos de compras y direcciones generales. Cada uno con prioridades distintas.
“Puedes tener un producto excelente y aun así no entrar”, explica Zúñiga. “Por eso estamos trabajando con administraciones y explorando modelos como la compra pública innovadora. No se trata solo de vender un dispositivo, sino de integrarlo en el flujo clínico real”.
Desde su posición, el CEO de Spika Tech observa con cierto escepticismo algunas tendencias del sector. Cree que parte del hype tecnológico está sobrevalorado y que el futuro de la cardiología pasa menos por soluciones espectaculares y más por combinar modelos matemáticos sólidos, visualización avanzada y prevención. “Innovar en salud es una carrera de fondo. No hay atajos”, insiste.
Cuando se le pregunta por el futuro, no habla de exits ni de titulares grandilocuentes. Habla de impacto. De que VR-CARDIO esté integrado en la práctica clínica habitual y de que Spika Tech sea recordada como una empresa que convirtió ciencia profunda en utilidad real. “Salvar vidas no es un eslogan”, dice. “Es una responsabilidad”.
Diez años después de empezar, Spika Tech está, por fin, en la línea de salida del mercado. El camino ha sido largo, exigente y poco visible. El reto ahora es demostrar que toda esa ciencia puede cambiar, de verdad, la forma en la que entendemos el corazón.
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