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El pez robot español que podría transformar la sostenibilidad en las piscifactorías

6/10/25

Por:

Redacción

Una innovación que une biomimética, sensores avanzados y sostenibilidad marina

En los últimos días, un proyecto de innovación española ha captado la atención internacional: un pez robot desarrollado por el Centro de Investigación en Robótica y Tecnologías Subacuáticas (CIRTESU) de la Universitat Jaume I (UJI) ha sido reconocido como uno de los avances más prometedores en automatización marina. Su combinación de diseño biomimético, sensores autónomos y capacidades de inspección subacuática lo coloca como una herramienta potencialmente transformadora para el sector acuícola.


Este desarrollo representa un punto de inflexión entre la investigación universitaria y la aplicación industrial sostenible, porque aborda desafíos reales donde la tecnología puede generar valor medioambiental y económico.


De la universidad al mar: pruebas en PortCastelló

El robot fue sometido a pruebas en entornos reales en PortCastelló, con el apoyo de la autoridad portuaria local, que cedió su infraestructura para ensayos en aguas abiertas. En esas pruebas, el pez robot demostró su capacidad de comunicarse con un robot de superficie de forma inalámbrica, realizar inspecciones visuales de redes submarinas, detectar daños estructurales y monitorizar el crecimiento de algas adheridas.


El proyecto fue distinguido como mejor trabajo en automatización marina durante la conferencia del Comité Español de Automatización, celebrada en Cartagena. El reconocimiento subraya la calidad técnica del desarrollo y su potencial impacto.


Según los investigadores de CIRTESU, el proceso de desarrollo ha sido gradual: primero se realizaron pruebas controladas en laboratorio, y posteriormente en ambientes reales, donde las condiciones —corrientes, turbidez, interferencias electromagnéticas— pusieron a prueba la robustez del diseño.


Diseño inteligente: biomimética al servicio de la sostenibilidad

Lo que distingue este robot no es solo su función, sino cómo ha sido concebido:

  • Utiliza aletas biomiméticas que imitan el movimiento de los peces reales, logrando mayor estabilidad y eficiencia energética frente a los sistemas de hélice.

  • Incorpora un sistema de comunicación umbilical e inalámbrica que mantiene conexión continua con la superficie.

  • Dispone de un sonar auxiliar para detectar fallos incluso cuando la visibilidad es reducida.

  • Integra una cámara de inspección interna capaz de explorar redes desde el interior para detectar roturas o desgastes.

  • Permite desplegar y recuperar sensores marinos (químicos, térmicos o biológicos) con precisión milimétrica.

Estas funcionalidades lo convierten en una herramienta técnica avanzada, capaz de detectar fallos antes de que provoquen pérdidas económicas o daños ambientales, y de reducir la dependencia del buceo manual en tareas rutinarias.


La acuicultura como escenario clave para la sostenibilidad

La acuicultura, responsable de casi el 50 % del pescado consumido en el mundo, se enfrenta a retos medioambientales crecientes: contaminación local, escapes de especies, mortalidad masiva y uso de químicos.


Un pez robot como el desarrollado por la UJI puede contribuir a resolver estos problemas mediante:

  1. Monitorización continua de estructuras, detectando anomalías antes de que sean críticas.

  2. Reducción de riesgo humano, evitando inmersiones de buceadores en entornos potencialmente peligrosos.

  3. Optimización de mantenimiento, al programar intervenciones solo cuando sean necesarias.

  4. Recolección de datos ambientales precisos para modelar el comportamiento de los ecosistemas acuáticos.

  5. Prevención de impactos ecológicos, al evitar roturas o fugas que puedan liberar peces y nutrientes al entorno natural.

El modelo se alinea con la estrategia europea de economía azul y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 14: Vida submarina y ODS 9: Industria, innovación e infraestructura).


Desafíos técnicos y próximos pasos

A pesar de su potencial, los investigadores reconocen varios retos en el horizonte:

  • Automatización completa de reparaciones: el siguiente objetivo es que el robot pueda reparar o sellar pequeños daños en redes sin intervención humana.

  • Resistencia a condiciones extremas: las corrientes marinas, la turbidez o la bioincrustación siguen siendo factores que exigen mejoras.

  • Escalabilidad: pasar del prototipo a la producción industrial requiere reducir costes y garantizar fiabilidad a largo plazo.

  • Integración operativa: las piscifactorías deberán adaptar sus protocolos para incorporar la robótica marina.

  • Cumplimiento normativo: el uso de robots autónomos en entornos marítimos exige validaciones y certificaciones específicas.

El equipo de CIRTESU prevé desarrollar versiones especializadas para diferentes tipos de cultivo acuícola y entornos costeros, así como plataformas colaborativas en red que compartan datos ambientales en tiempo real.


Implicaciones para la innovación española

El éxito de este pez robot demuestra que la I+D universitaria española tiene capacidad para generar innovación exportable. España ya cuenta con referentes en robótica terrestre y aérea, pero el ámbito subacuático era hasta ahora terreno dominado por empresas nórdicas o asiáticas.


Este proyecto fortalece la posición de España en el mapa de la tecnología marina sostenible, y abre oportunidades para:

  • Nuevas startups derivadas (spin-offs) centradas en robótica acuática.

  • Colaboraciones público-privadas con el sector pesquero, portuario y ambiental.

  • Atracción de inversión europea en innovación azul.

  • Formación de talento especializado en ingeniería marina, IA subacuática y biomimética aplicada.

El modelo de innovación también destaca por su enfoque integrador: una universidad pública, un puerto comercial y un centro tecnológico trabajando de forma coordinada para transformar la sostenibilidad en un sector productivo concreto.


Más allá de la piscifactoría: el futuro de los robots marinos

El pez robot del CIRTESU es solo el principio de una nueva generación de tecnologías inspiradas en la naturaleza. Sus principios pueden aplicarse a múltiples campos:

  • Monitoreo de biodiversidad marina, observando hábitats sensibles sin perturbarlos.

  • Inspección de infraestructuras submarinas, como cables o tuberías.

  • Limpieza y mantenimiento de puertos, evitando acumulación de residuos.

  • Exploración científica en zonas de difícil acceso.

  • Misiones colaborativas de enjambres de robots que se comuniquen entre sí.

Cada avance en este campo refuerza la idea de que la sostenibilidad no solo depende de reducir el impacto humano, sino también de integrar tecnologías que cooperen con el entorno natural.


Innovar desde la inspiración natural

El enfoque biomimético del proyecto —imitar la forma y movimiento de los peces— no es una elección estética, sino estratégica. Al comportarse como un pez, el robot reduce ruido, turbulencia y estrés en los bancos de peces, logrando una interacción más armónica con el ecosistema que estudia.


Este tipo de diseño refleja un cambio de paradigma en la ingeniería moderna: pasar de dominar la naturaleza a aprender de ella. La robótica inspirada en organismos vivos no solo busca eficiencia, sino coexistencia tecnológica y ecológica.


Conclusión: la revolución azul se mueve desde España

El pez robot español no es solo un logro técnico: es una metáfora del nuevo rumbo de la innovación. Representa una forma de hacer ciencia aplicada con impacto tangible, que conecta investigación universitaria, sostenibilidad ambiental y competitividad industrial.


En un contexto global donde la sostenibilidad se ha convertido en imperativo económico y ético, proyectos como este demuestran que la tecnología puede ser aliada del planeta.


Desde Castellón, un pequeño laboratorio ha demostrado que la innovación azul —esa que protege los mares mientras impulsa la productividad— puede tener acento español. Y que el futuro de la sostenibilidad marina podría, literalmente, nadar entre nosotros.

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